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Procrastinación.


Término poco familiar para muchas personas aunque lo que significa definitivamente sí es experimentado por un porcentaje muy alto de la población en algún momento de su vida o incluso desde siempre.

Procrastinación es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables. Esta puede ser eventual o crónica y existen tres tipos que son:

- Por evasión, cuando se evita empezar una tarea por miedo al fracaso. Es un problema de autoestima.

- Por activación, cuando se posterga una tarea hasta que ya no hay más remedio que realizarla. Es un problema contrario al anterior.

- Por indecisión, típico de las personas que, intentando realizar la tarea, se pierden en pensar la mejor manera de hacerlo sin llegar a tomar una decisión.

Según publicación del New York Times la procrastinación no es un tema de holgazanería sino de manejo de las emociones, razón por la cual no es un defecto del carácter o una maldición misteriosa que ha caído en la habilidad para administrar el tiempo, sino una manera de enfrentar las emociones desafiantes y estados de ánimo negativos generados por ciertas tareas: aburrimiento, ansiedad, inseguridad, frustración, resentimiento y más.

Pensar que hacer a un lado todo lo que nos genera incomodidad y en cambio hacer lo que nos apetece es una muy buena idea, no obstante, por supuesto, eso solo engloba las asociaciones negativas que tenemos con la tarea, y esos sentimientos todavía estarán ahí cuando volvamos a ella, junto a estrés y ansiedad aumentados, sentimientos de baja autoestima y de culpabilidad. Los pensamientos que tenemos sobre procrastinación suelen exacerbar nuestra angustia y estrés, lo que contribuye a todavía más procrastinación. No obstante, el alivio temporal que sentimos cuando procrastinamos es lo que realmente hace muy vicioso el círculo.

En esencia, la procrastinación es un asunto de emociones, no de productividad. Se debe encontrar una mejor recompensa que evadir, una que pueda aliviar los sentimientos desafiantes en el presente sin causar daño al yo del futuro.

La solución debe ser interna, y no dependiente de cualquier cosa excepto nosotros mismos.

Para ello escuchar profundamente nuestro yo, identificar plenamente nuestro sistema de valores, creencias y lo que realmente somos y queremos nos permitirá dar manejo adecuado a todas esas situaciones donde probablemente no podemos controlar que sucedan o no pero si podremos de manera consciente y responsable controlar la manera como la asumimos, la enfrentamos y damos el significado que queremos.



Jaime Lascarro.